Cuando el “ego” y el “status” se interponen en tu marketing
Una de las charlas que doy en el seminario “Traficología” lleva el nombre del título de esta entrada. En ella hablo sobre cómo perderle el miedo a cautivar y persuadir a nuestro público objetivo usando técnicas efectivas de marketing.
El otro día, un cliente me dijo: “No me gusta ser muy agresivo en el marketing porque mis competidores van a pensar que estoy necesitado y que me he tenido que rebajar a esto”.
“Rebajarse” a hacer Marketing???? El eterno preconcepto…
Una cosa es “intentar engañar” a alguien para cautivarlo y otra muy diferente es gritar a los cuatro vientos los beneficios de nuestro producto/servicio (estoy en total desacuerdo con lo primero pero totalmente de acuerdo con lo segundo). Y aquello de que “si el producto realmente fuese bueno, no tendrían que hacer tanto marketing, porque el mismo público se encargaría de hacerlo” es una filosofía MUY mediocre para los que están comenzando a crearse un nombre y un reconocimiento de marca.
Lamentablemente queridos amigos, aparecer en los primeros lugares de Google no es suficiente y tenemos que ir mucho más allá.
Aunque el SEO forma parte de la estrategia de marketing, muchos aficionados y profesionales del posicionamiento web, no quieren hacer del Marketing una parte fundamental del SEO. No quieren salirse del “Status Quo”, tienen un temor horrible a parecer “poco serios” o a parecer “vende-humos” delante de sus compañeros o potenciales clientes. Para ellos, es suficiente con tener varias palabras claves posicionadas y lo que queda, es esperar a que el teléfono suene.
En mi opinión: sufren de falta de claridad en sus objetivos. No saben a quien le están hablando y tratan de “complacer a todo el mundo” sin parecer “demasiado arriesgados”.
En el año 2010, cuando lancé la primera edición de mi curso “Experto en SEO“, enfoqué toda la comunicación hacia el público que quería cautivar (y que hoy en día aún quiero): pequeños empresarios, autónomos y emprendedores con un sitio web en vías de rentabilización. Mi público no era(ni es) los profesionales del SEO ni las personas con conocimientos avanzados en la materia que querían hacer de esto una profesión. Por lo tanto, no les hablo a ellos ni me preocupa nada lo que piensen de mis métodos de marketing, porque ellos no son el público que quiero. Pero sin embargo, el público que sí me interesa, al que quiero complacer, ha reaccionado muy bien, he formado a unos 1.600 pequeños empresarios y emprendedores desde el 2010 y se siguen apuntando al curso constantemente todos los meses. ¿Por qué? Porque le doy al público que me interesa lo que él quiere. Sé quienes son, qué necesitan, cómo piensan y es en eso que enfoco mi formación.
Desde luego, los “daños colaterales” incluyen tener que oír críticas del público errado, del público al que no le hablo, del público que no entiende que ellos no son mi público y que por eso les parecen “una chorrada” mis técnicas de Marketing. Pero si eso me preocupara realmente, tendría que cambiar mi estrategia para “complacer a los chicos” y olvidarme de lo que quieren mis alumnos y clientes (cosa que no haré, desde luego).
Algo parecido sucede entre los escritores literarios: muchas veces escriben para sorprender a sus compañeros en vez de para entretener/inspirar/cautivar a los lectores. Algunos de los más grandes genios de la literatura han sido excelentes “somníferos” para el público y se daban el lujo de aburrir a su audiencia para poder sorprender a sus compañeros/competidores escritores. Puede que ellos hayan tenido claros sus objetivos: primero están “los chicos” y segundo está el público.
¿Por qué queremos colocar una página web en los primeros lugares de Google? No sé tú, pero mi objetivo es: VENTAS! MONEY!
¿Y de qué sirve estar el primero en Google si luego no SEDUCIMOS!?
Hay aquellos que basan su “seducción” en su apariencia (un sitio web muy bonito) y hay otros que ni piensan en seducir. La realidad es: quien más seduce es aquel que tiene una personalidad más seductora! (y no hablo de “charm” o de “una sonrisa muy atractiva”, sino de hablar el lenguaje del público y crear empatía).
En conclusión: Define muy bien quien es tu público, crea un mensaje que les toque el corazón (estoy siendo muy “arriesgado”? no me disculpo) y define tu estrategia teniéndolos a ellos en mente. Ponte en sus zapatos que ellos luego se pondrán en los tuyos.
Seduce; no vendas…
